sábado, 24 de marzo de 2012

-Hombre, yo te puedo hablar desde mi experiencia, pero no me hagas mucho caso. Yo fui de fracaso en fracaso.
-Habla, habla.
-A ver.. podríamos decir que hay tres estados del amor: el primero, no amar y no ser amado.. pero este no se parece a tu caso.
-No, no- le dije.
-El segundo es amar y no ser amado. Esa fue casi siempre mi situación. Cuando yo amaba no me correspondían y cuando me amaban, yo solo sentía cansancio y asco.
-Hablemos de mí, siga por favor.
-Entonces coincidirás con el tercero: amar y ser amado. Ese es el mejor estado de los tres, que yo creo que nunca tuve. Y cuando creía que lo tocaba con los dedos, me trabuqué y marchó todo al garete, ya ves.
Su reflexión no me sirvió e mucho, yo no me ajustaba a ninguno de eses casos, o eso pensaba.
Vincent se debió dar cuenta de la decepción de mi cara y volvió a hablar.
-Ya te anticipé que no era buen consejero para estos asuntos.
-No, está bien. Lo que creo es que no encajo en ninguno de estos supuestos.
-Ella no te ama?
-Creo que sí.
-¿Y luego cual es tu problema?
-Que no sé si yo la amo.
-No te desesperes, eso nos pasó a todos cuando éramos jovenes.
-¿Ai si?
-Si, cosas de la adolescencia. El amor es tan poderoso que resulta muy difícil mantener el timón derecho.
-¿Cómo?
-A ver, escucha. La pasión son las velas de tu barco, y como eres tan jóven, te abandonas por completo a tu deseo. Cojes viento de más, y caes al mar.
-¿Y qué?
-Pues que ahora estás ahi, dando golpes con tus brazos en el agua sin saber como salir.
-¿Y que va a ser de mi?
-Eso es cosa tuya. Tú decides: o te subes al barco y cojes de nuevo el timón o nadas en dirección al puerto más próximo en busca de otra embarcación.

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